Existen las parejas disparejas. Pero al contrario? de lo que suele pensarse, criterios como la edad, el tamaño, el peso corporal, la belleza, y otros tantos que sirven para juzgar, no son ni dueños de la verdad ni marcan la real diferencia.
Para que una relación sea pareja o dispareja importa mucho el grado de madurez de ambos, no sólo en cuanto a patrones universales sobre si a uno le gusta Coelho y al otro Humberto Eco, sino en cuanto a comunicación, tolerancia, sinceridad, e intereses motivacionales.
Allí donde existe amor, realización plena, conocimiento profundo e inacabable del otro y de uno mismo como amante, allí donde se observa un idéntico horizonte, pueden converger cientos de diferencias físicas y sociales, pero no una pareja dispareja.
A veces, fracasan más los noviazgos y matrimonios por los criterios externos existentes que por las propias divergencias de la relación. Quien no conoce los casos de amigas y familiares que lo creen muy viejo, muy feo para ser la compañía eterna, poco popular, que si es muy reservado, que si poco divertido, y lo cierto es que con todos esos “defectos” esa persona le hace sentirse como diosa.
Las parejas disparejas, muchas veces, son el mito de los terceros, de los prejuicios y de las tendencias sociales, y por supuesto que la edad que usted tenga importa, sólo que mucho menos de lo que le impone la sociedad.
Hay quienes dicen que para llevarse bien dos personas deben ser el tal para cual en tanto que otros dicen que uno debe complementar al otro. La razón en el amor la tienen todos aquellos que tienen la suerte de sentirse plenos y completos en sus decisiones, aquellos que están con alguien para estar mejor y no por razones externas o prejuicios internos o programados desde la infancia.
Las diferencias de criterios, gustos y preferencias ayudan a conocerse mejor, lo que no ha de fallar es el interés de mirar el mismo cielo. Para esas “parejas disparejas”, solo hay un consejo, hacerle caso al corazón.






