El término antioxidante nos ha invadido estos últimos tiempos. Por analogía podemos decir que algo que es antioxidante evitará que nosotros nos oxidemos en algún aspecto. Lo primero que nos viene a la mente al pensar en óxido es la imagen de algo de hierro oxidado, corroído, de color marrón rojizo, carcomido.
La oxidación es un proceso mediante el cual una sustancia pierde electrones y se transforma en otra sustancia. Los agentes atmosféricos como la humedad y el oxígeno del aire son buenos para lograr que un trozo de hierro que queda a la intemperie, se oxide. Pero el hierro no es la única sustancia capaz de oxidarse; los componentes de los sistemas biológicos también se oxidan.
Algunos procesos oxidativos son tan necesarios como permanentes. La fuente de energía principal de un ser vivo es la oxidación de la glucosa donde esta se transforma en dióxido de carbono, agua. Este proceso libera energía.
El envejecimiento celular es un proceso muy complejo que puede considerarse como una oxidación paulatina de los componentes celulares lo que provoca desequilibrios y pérdida de propiedades. El envejecimiento es natural pero algunos agentes provocan un incremento de la oxidación. Estos son la radiación, el estrés, el tabaco, la contaminación ambiental y ciertos alimentos de baja calidad.
No se trata de la pócima de la juventud pero de a pasitos se llega lejos. La vitamina C, la vitamina E, el Zinc, el Selenio, el licopeno son algunos de los antioxidantes que nos pueden ayudar a sentirnos un poquito mejor cada día.
¿Por qué algunos alimentos retrasan los procesos oxidativos que culminan por acelerar el deterioro y envejecimiento celular?
Porque participan en los procesos de regeneración celular y ayudan a restaurar nuestro organismo.
Una sencilla manera de verlo y que nos ayuda a entender radica en que los alimentos considerados como antioxidantes son aquellos que se comienzan a oxidar al momento en que se ponen en contacto con el aire, el jugo de naranja, la manzana, la palta, la banana, etc. Cambian de color, se oscurecen ante la presencia del aire rápidamente, es decir “absorben” los factores oxidantes de nuestro medio ambiente. Se oxidan ellos en vez de nosotros.
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