
El universo chamánico tiene un “afuera” pero también un “adentro” del paciente. El viaje expeditivo del “médico brujo” no recorre sólo la geografía grupal del clan sino que se adentra en la psiquis del paciente conectándolo con la cura de su enfermedad.
En la comunidad indígena “Cuna” de Panamá a cada parte del cuerpo se le atribuye un espíritu propio que caracteriza la función del órgano. Por eso, el nacimiento del niño, es la consecuencia de una esencia que opera en el vientre materno. Tal espíritu, responsable de la gestación y al que llaman Muu, cuando no está trabajando de acuerdo a lo esperado, aparece como adversario del chamán.
Situado bajo la hamaca de la parturienta, el médium, hace recorrer a la mujer los pasos de su dolor reviviendo el proceso sintomático. Luego enumera la lista de espíritus ayudantes, llamados nelegan, proveyéndolos de todo el equipo necesario: Cuentas negras, color de llama, huesos de tigre y armadillo, collares de plata y, lo más importante, sus agudos sombreros, elementos encargados de iluminar el camino de los nelegan en su avance por la cavidad vaginal.
El combate es visualizado y narrado o cantado por el “curandero”, los dolores aparecen como un caimán y un pulpo. Los mismos guardianes de Muu se manifiestan como un tigre negro. Los espíritus usan la magia de sus sombreros para vencer y atar a estos animales. A su regreso, dilatada la cérvix y preparado el camino, se inicia el parto. Los nelegan traen un niño tras de sí.






