
Las diferencias en las conductas de hombres y mujeres sugieren un cerebro sexuado, probablemente determinado por las hormonas que feminizan o masculinizan al feto. Sin embargo debe recordarse que intervienen también factores sociales y culturales dado que el cerebro es muy inmaduro en el recién nacido.
Experimentos con niñas y niños demuestran mayor facilidad para el pensamiento abstracto, matemáticas, cálculos espaciales, etc., en los varones mientras que las niñas, desarrollan y comprenden mejor el lenguaje verbal.
Por otro lado, la diferencia en el tamaño cerebral, ligeramente más grande en el sexo fuerte, no implica mayor capacidad intelectual, ya que el cerebro tanto del hombre como de la mujer se ha venido reduciendo progresivamente.
Experimentos realizados con zorros domesticados por un genetista ruso, Dimitri Belyaev, indicaron, en apenas en 50 años, una importante reducción de sus cerebros (25%), respecto a sus congéneres salvajes.
Mientras que los coeficientes intelectuales suelen ser más altos en ellos, otras investigaciones apuntan a la llamada inteligencia emocional donde la mujer lleva ventaja de manera que alcanza un nivel más profundo en las relaciones sentimentales.
Se pretende entender por qué ellas son más propensas a las enfermedades mentales y más receptivas a las dolencias crónicas.
El tema es difícil porque para muchos involucra una cuestión de jerarquías, una competencia por el poder y se presta para encender la guerra entre los sexos. En este sentido cabe observar que hombre y mujer son complementarios y que la evolución de la conciencia pasa por comprender esta premisa.






