Nadie discute lo agradable que resulta el entrar a una casa y sentirse invadido por un perfume de jazmines naturales que emana de un centro de mesa. No parece haber persona que no guste del perfume de jazmines.

Es que el perfume que percibimos es la respuesta cerebral ante un estímulo químico. Los perfumes son sustancias o mezcla de sustancias volátiles, es decir que se evaporan con facilidad y llegan a nuestro cerebro gracias a receptores que tenemos para tal fin.

De la gran gama de olores que vamos incorporando con la vida vamos clasificándolos, seleccionando de forma tal que el sentido del olftato nos funciona como un sistema de alerta, de recepción de información ambiental.

Por alguna razón no equivocada las flores nos proveen de estímulos cerebrales únicos que, en algunos casos nos ayudan a ayudarnos. Para algunos resulta ridículo el pensar que podemos curarnos de una dolencia oliendo flores pero no debemos ser tan escépticos. La eficacia de la sugestión está comprobada en el tratamiento de varios trastornos psícológicos y fisiológicos, así que: si un aroma acciona un vínculo cerebral que nos produce placer, es indiscutible que esto tiene alguna acción sobre el organismo tomado como una integridad.

Bach, propuso que las enfermedades tenían un orígen emocional y que por lo tanto debían ser tratadas a partir de este punto. Hoy en día la medicina alternativa que utiliza las llamadas Flores de Bach está muy extendida y resulta útil para minimizar los efectos físicos que nos provoca el exceso de trabajo, el estrés, etc.

La aparición de una enfermedad tiene una doble entrada de causa efecto en la vida de una persona generando más daño que la enfermedad misma debido al efecto negativo de nuestros malos pensamientos. Esto no ayuda, pero ¿Como evitar sentirse deprimido cuando estamos enfermos?

Los ambientes claros, limpios, aireados y un buen aroma… Sirven. Y mucho!

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