Las enfermedades viejas van quedando relegadas al pasado pero reaparecen bajo diversos vestidos adaptadas al panorama actual, como si ellas evolucionaran también, de la misma forma que las especies, sorteando obstáculos y propagándose en el renovado ámbito urbano.

En este género de enfermedades se encuentran los trastornos alérgicos. Se han realizado estudios que conducen a una realidad alarmante: el 40% de la población presenta hipersensibilidad a alguna sustancia de algún tipo.

Las alergias son consecuencia de trastornos del sistema de defensas del cuerpo, es decir una alteración en el aparato inmunológico que lo hace susceptible a reaccionar innecesariamente. En este sentido, el alergeno no sólo puede ser el polen, el polvillo u otras partículas naturales, hoy puede tratarse también de una de las 20 000 sustancias industriales que se ha comprobado guardan relaciones directas con la enfermedad.

Lo cierto es que no se puede minimizar el problema. Si se quieren evitar consecuencias lamentables conviene poner atajo precozmente a la enfermedad dado que avanza con rapidez y, en pocos años, algo que empezó como una molestia en la nariz puede degenerar en graves enfermedades respiratorias como el asma bronquial.

Entre los agentes más comunes están las proteínas de origen vegetal y animal, que ingresan en el organismo humano valiéndose de vehículos como la respiración y la ingesta de alimentos o bebidas. Los químicos producen alergias de contacto mientras que otras son debidas a picaduras de insectos. Entre los alimentos de hoy deben recordarse los conservantes, colorantes, emulsionantes, aditivos, etc.

La reacción exagerada del sistema inmunológico ante la presencia de alergenos (antígenos) libera mediadores tales como la histamina y la serotonina, la presencia de éstos propicia la manifestación inflamatoria.

No puede despreciarse, sin embargo, el factor hereditario dado que un gran espectro de las alergias se transmiten de padres alérgicos a hijos. Mientras que en una población media el riesgo oscila entre un 5 y un 15%, cuando hay antecedentes directos, el riesgo mínimo de desarrollar el trastorno es bastante más alto (del 60%)

Al parecer el desarrollo de nuestras tecnologías e investigaciones científicas deberá aplicarse con energías a cooperar con la medicina, la ecología y otras disciplinas afines para combatir los desbordes y desequilibrios que ellas mismas, como ciencias al servicio de la explotación de recursos, generan en el propio mundo de los hombres.

Tags: , , ,

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.