Las relaciones licenciosas entre mujeres, pese a ser antiquísimas, no han sido prohibidas simplemente porque no se las ha considerado como relaciones propiamente dichas. Cuando en Inglaterra se prohibieron las relaciones homosexuales y se quiso extender la ley también al ámbito femenino, la Reina Victoria, no dictó ley alguna al respecto porque se negó a aceptar la existencia de dicha relación entre mujeres.
Esa apatía se debe a que muchas culturas no aceptan la sexualidad femenina o piensan que ésta sólo debería llevarse a cabo con el sexo opuesto. En este sentido, siempre se ha supuesto que la sexualidad de la mujer tiene un propósito heterosexual o básicamente reproductivo. Esta es la razón por la que las lesbianas gozan de una aparente libertad legal.
En los rigurosos conventos monacales las jóvenes religiosas más de una vez se vieron estremecidas por el escándalo y el castigo suscitado por “amistades” demasiado íntimas.
Dentro de este universo cristiano existen movimientos que dialogan la opción de reconocer el lesbianismo como elección de vida.
Más al extremo existen mujeres aisladas en comunidades “sin hombres” concentrando grupos separatistas que radicalizan la cuestión de los sexos a una guerra de género sin trincheras.
Una de las relaciones lésbicas que más ha trascendido y conmovido fue la de Felice Schragenheim, una joven judía, luchadora social, idealista, que entabló relación amorosa con Elisabeth Wust, mujer aria, conservadora que parecía el prototipo de mujer de la Alemania Nazi.
Felice sufrió en el 1945 la muerte de su familia tras su deportación; luego formó parte de la resistencia, sirviendo de espía mientras trabajaba con nombre falso (Felice Schrader) en un periódico nacionalsocialista nazi. Mientras que Lilly era su opuesta, estaba casada con un oficial de la Wehrmacht que peleaba contra los rusos. Era madre de cuatro niños y había recibido un homenaje nazi a la maternidad.
No habría entonces barreras sociales tampoco para detener una relación prohibida por todos los frentes.
Respecto al derecho civil, las parejas homosexuales han obtenido algunas respuestas positivas. Dinamarca, Noruega, Suecia y los Países Bajos permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo, sin embargo, en materia de herencia y custodia de los hijos, las parejas heterosexuales son contempladas con mejores ojos.
La pornografía ha sido usada por muchas activistas como medio de placer y divulgación de su forma exclusiva de vida. Pero otros sectores se oponen a ello porque consideran este vehículo como propiedad del sistema machista que las condena invariablemente a al mundo erótico masculino.







