
El orgasmo femenino fue reconocido tardíamente porque la sociedad machista dominante no se interesó en el placer de la mujer ni en los grados de intensidad del mismo hasta ya avanzado el siglo XX.
Por otro lado, en contraste con la importante expulsión de líquido seminal como afirmación física del orgasmo masculino, las discretas y en ocasiones, disimuladas manifestaciones del clímax de la mujer, pasaron desapercibidas durante mucho tiempo.
Un extremo de este desconocimiento del potencial sexual femenino es la ignorancia experimental de las propias protagonistas: muchas mujeres no han llegado nunca a experimentar un orgasmo.
Entre los trastornos de tipo sexual de las mujeres existe una enfermedad llamada Anorgasmia. Esta afección no priva del deseo sexual ni de la capacidad de excitación y concreción del coito pero raramente alcanzan el orgasmo.
La mayoría de las veces la etiología responde a problemas en la pareja o cansancio por fatiga laboral. Los traumas emocionales derivan en problemas de este tipo.
En menor grado existe la causa orgánica: úlceras, inflamaciones, tumores, disfunciones hormonales relacionados con el climaterio, trastornos del sistema nervioso central y otros.
Se recomienda un diálogo franco con la pareja. Deben sacarse a luz los verdaderos estímulos, deseos y objetivos sexuales. Para paliar el hastío puede ser interesante innovar en forma conjunta y rescatar de las prácticas estimulantes la mayor confianza y disfrute para beneficio y gozo de la pareja
Se ha establecido una evolución de cuatro fases en el orgasmo femenino. La primera fase es la de Estimulación y es cuando la excitación permite que la vagina se humedezca mientras que la irrigación sanguínea produce el agrandamiento de los labios vaginales y del clítoris. En esta primera fase se constata sensibilidad táctil en los pezones, tensión de las mamas y el útero crece trepando hacia la parte alta de la pelvis. Crece la velocidad del pulso y se agita la respiración mientras que los músculos se mantienen tensos.
La segunda fase conocida como la fase Meseta se caracteriza porque la vagina se encoge en su parte anterior y la posterior se dilata. La hinchazón de labios y clítoris va en aumento. Aquí es donde el útero marca su récord en la escalada por la pelvis. Tensión muscular persistente y frecuencia respiratoria en aumento progresivo.
La tercera fase es el Orgasmo propiamente dicho. Es cuando la vagina presenta secuencias de contracciones rítmicas que escapan a la voluntad de ella y que se hacen repetitivas produciendo un intenso placer. Al mismo tiempo una sensación agradable de relax y confianza se apodera del cuerpo y del ánimo de la mujer satisfecha. Los orgasmos pueden repetirse.
La cuarta y última etapa es la de Regresión al estado original. Se prolonga por un período de entre 20 y 40 minutos. En este lapso se restituyen los valores naturales en estado de sosiego restableciéndose el ritmo respiratorio mientras que una sensación de plenitud y relajamiento general sigue a esta cumbre del deseo.






