
Teniendo como raíz el vocablo griego “plastikos”, que significa transformar o modelar, esta antiquísima ciencia, rama de la medicina, tiene como propósito corregir los traumas destructivos ocasionados en el cuerpo humano: Cirugía reconstructiva, o para modificar o disimular la forma o distribución de determinadas partes del universo anatómico que “se puede ver”: Cirugía estética.
En rigor, la cirugía reconstructiva contiene la microcirugía y su nacimiento oficial fue consecuencia del la Primera Guerra Mundial debido a la inmensa cantidad de soldados con severos daños estructurales ocasionados por las explosiones, laceraciones, quemaduras, mutilaciones y demás traumas físicos propios del campo de batalla.
La cirugía estética es, de alguna forma, similar a la cirugía reconstructiva en la medida que intenta reconstruir un modelo estético trabajando sobre unas formas naturales que en alguna medida “destruyen” en el paciente/cliente ese ideal. Por ello, esta ciencia, tiene mucho de las bellas artes y como tal, guarda una dependencia estrecha con los gustos y los cánones de belleza de la época.
Se entiende que históricamente la cirugía plástica tiene un origen común con el nacimiento de la cirugía general. En este sentido hay documentos que fueron publicados en el 1930, traducidos por el célebre egiptólogo Henry Breasted, que demuestran la práctica de la cirugía hace al menos 4000 años antes del inició de nuestro calendario.
Quizá la evidencia más firme de esta praxis quirúrgica sea el papiro de Smith, un documento de cinco metros de longitud encontrado en la necrópolis de Thebes. En él constan 48 casos de operaciones en el que están involucradas heridas, abscesos, fracturas, torsiones, tumores, etc.
El rollo fue comprado por Edwin Smith a Mustafá Aga, en el año 1862 pero la traducción debió esperar hasta 1930.
Precisamente en este antecedente egipcio aparecen por primera vez conceptos tales como “cerebro”, “circunvoluciones cerebrales y las membranas que cubren el cerebro.
Los babilonios realizaron, a su vez, intervenciones en los ojos extrayendo cataratas hace unos 1900 años antes de Cristo.
En la India alrededor del 500 a de C., de la mano de Sushruta, aparece un precursor del colgajo frontal que se usa actualmente en la reconstrucción de la nariz y al que se conoce como colgajo Indio. Debe recordarse que la nariz era un órgano que denotaba respetabilidad ya que era común castigar a los ladrones o criminales cortándoles la nariz, manos u orejas.
Así aparezcan en el futuro modas insospechadas y surjan, en el imaginario de lo bello, diversidad de modelos arquetípicos, a veces incluso tan distintos entre sí que tocan lo contradictorio; sea como sea, habrá siempre un bisturí, cuando no un láser, dispuesto a cambiarte la fachada.






