Cuando se habla de delgadez como enfermedad debe descartarse la delgadez constitucional o natural. De hecho se acepta que alguien es delgado por comparación con el resto de la familia y esto, puede ser una característica genética o de sobriedad en los hábitos alimenticios o también una cuestión de criterios.

Pero efectivamente existe una enfermedad que se conoce como desnutrición de causa interna y cuyos síntomas se limitan al bajo peso, es decir, la no existencia de reservas adiposas.

La falta de sintomatología es alarmante ya que no se presentan problemas de apetito y el enfermo no disminuye su capacidad de trabajo.

Hay dos causas que subyacen a la “delgadez patológica”:

1) Como resultado de otros padecimientos: Cuadros infecciosos como la tuberculosis y el tifus; trastornos en los intestinos, como la diarrea crónica. Son causales también las disfunciones o hiperfunciones de las glándulas endocrinas.

Otro causante es el cáncer.
2) Como resultado de trastornos de tipo psicológico: En ocasiones la falta de apetito tiene raíz en los procesos psíquicos internos del paciente.

Es común padecer una anorexia leve cercana a la adolescencia que llegó a conocerse bajo el nombre de delgadez pospuberal.

Por el contrario, la anorexia nerviosa es una enfermedad crónica y peligrosa en que la persona afectada se obstruye mentalmente a la realidad de su problema y se niega a comer. La anorexia es la que genera un complejo psicológico de repudio hacia la posibilidad de engordar y suele asociarse con la bulimia, voracidad compulsiva, inversa a la anorexia. Más común en las mujeres que en los hombres, este complejo de lo estético, la línea, la moda, se vuelve paradójico puesto que el adelgazamiento llega a ser tan extremo que los enfermos parecen verdaderos cadáveres ambulantes.

¿Cómo tratarla?
Es importante administrar los nutrientes necesarios, es decir pensar inmediatamente en una dieta reconstructiva del equilibrio nutricional. Si existe un motivo emocional, en el trasfondo del problema, se aconseja visitar al psicoterapeuta para un seguimiento clínico conciente y metódico.

No es tan falso eso de “los ambientes cargados” por lo que muchas veces se sugiere un “cambio de aires” o unas vacaciones renovadoras.

En el aspecto estrictamente biológico la demanda consistente en vitaminas, proteínas, carbohidratos, grasas, glucosas, aminoácidos, etc. deben satisfacerse, no tan sólo para cubrir el gasto calorífico sino también para reponer las carencias de reservas. Por eso se indican carbohidratos de elevado valor biológico, frutas, cocidas, carnes de ave y pescado. Se acumulan grasas consumiendo manteca, aceite de oliva y leche en raciones correctas.

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