Existen pieles de varios tipos que se determinan por sus características. Está la piel grasosa, la piel seca, la mixta, sensitiva, acneica, normal, áspera, poros pequeños o grandes, etc. Según sea el tipo de piel serán los productos más convenientes.
Cuando es grasosa se advierte por la piel lustrosa, los infaltables granos y puntos negros y, en ocasiones, tejido escamoso en torno a la base de la nariz. Hay organismos con tendencia a depositar quistes y otras acumulaciones sebáceas y que se perciben en la piel y en el pelo. Cuando la aparición de granitos, puntos negros o espinillas es recurrente se trata de la piel con exceso de grasa.
Un tipo de piel grasosa y con problemas de acné debe ser tratado con gran esmero ya que deja cicatrices muy notorias y puede haber peligros de infección a la sangre, cuando se tocan o aprietan los granos con las manos sucias. Es común en la adolescencia, debido al ajetreo hormonal y a la superabundancia de sustancias presentes en el cuerpo en este período, pero se convierte en un problema persistente si no se trata adecuadamente.
El paso del tiempo opera cambios, en esta capa superficial que envuelve nuestro cuerpo, los que suelen restarle propiedades al tejido. Estos cambios determinan saltos de un tipo de piel a otro. Es entonces cuando deben cambiarse también los productos que usamos para mantener la salud y belleza de la superficie cutánea.
Cuando el tejido epitelial se presenta seco, los poros apretados y hay ausencia de barritos o granos, se trata de una piel que puede resquebrajarse fácilmente, si bien es suave, se estría también sin muchos maltratos porque le falta elasticidad. Los síntomas son la sensación de sequedad en el pelo, las manos y una sensación tensa después de la ducha. Constatadas estas señas de sequedad deben darse los cuidados necesarios para evitar las marcas en la piel que son de difícil eliminación, por lo general, requiere cirugía.
La piel sensitiva es la que se irrita con facilidad. Las causas y síntomas pueden ser vasos sanguíneos a la vista, capilares dañados o áreas resecas de la piel. Pueden presentarse decoloraciones, pecas, manchas rojizas, color amarillento. La piel queda suelta en algunas partes de la cara, bajo el mentón, alrededor del rostro. La piel hipersensible es más común en personas mayores de 35 años por eso se recomienda un tratamiento que ayude a la regeneración de células.
Cuando el color es homogéneo en todo el cuerpo, los poros cerrados, dando como resultado una piel suave y sin espinillas, es cuando se trata de una piel normal. Se caracteriza por tratarse de un tejido firme, con poros medianos o pequeños, sin accidentes en su uniformidad.







