La belleza casi divina de del la Reina del Nilo, Cleopatra, ha superado las distancias del tiempo y hoy es una referencia legítima para muchas amantes de las recetas de belleza casera.
Anterior a la era cristiana, Cleopatra, representó el último miembro de la dinastía Tolemaica, que reinó en Egipto, y vivió enredada entre intrigas y luchas de poder hasta que finalmente se suicidó el año 30 a. de C.
Además de ser extremadamente hermosa, era una sagaz política. Dominaba siete lenguas y fue la única de su estirpe que conocía el idioma de sus súbditos. Se casó, por tradición y para poder gobernar, con su hermano menor y viajó a Roma donde fue concubina de Julio César. Al parecer, de esta relación nació Cesarión, quien gobernó junto a ella luego de la sospechosa muerte de su hermano. La hermosura extrema va, muchas veces, acompañada de tragedia y esta no fue una excepción. En el año 41 a de C, la manda llamar Marco Antonio, desde la ciudad de Tarso, siendo éste gobernador de los territorios del Este. De inmediato, el jerarca romano, se enamoró de ella y vivieron casi un año en Alejandría. Cleopatra dio mellizos mientras Marco Antonio regresaba a Roma para casarse con Octavia, hermana de Octavio, quien luego será el emperador Augusto.
En el año 36 a de C. Marco Antonio fue a Oriente a combatir contra los partos y se citó con Cleopatra en Antioquía. Se casaron y poco después nació otro hijo. Las victorias sucesivas de Marco Antonio contra los partos permitieron que, la pareja, cortara en dos partes el Antiguo Egipto que quedó repartido entre Cleopatra y sus hijos. Resentido porque Marco Antonio favorecía a Cleopatra, a la que llamaban “La víbora del Nilo”, Octavio les declaró la guerra y Marco Antonio se separó de Octavia. Poco después, engañado por un dato falso, Marco Antonio se suicida creyendo que Cleopatra había muerto. Octavio elimina a Cesarión, el último de los tolemaicos y, viendo cerca la humillación a la que pretendía someterla Octavio, un 29 de Agosto del año 30, la reina se suicida haciéndose picar por un áspid de veneno letal.
Nunca se recuperó un supuesto tratado de belleza escrito por la magnífica mujer. Se sabe sí que disimulaba las arrugas con una pasta de pulpa de frutas, se retocaba los párpados de un verde azulado, la boca la teñía de rojo sangre, haciendo notar las venas de su frente y manos con un tinte azulado. Para mantener su esplendorosa y seductora apariencia se sumergía, cada mañana, en leche de burra mezclada con hierbas y miel de abeja.







