Entre las modernas fusiones que ha venido pactando el feminismo despierta ciertas inquietudes las posiciones contrapuestas, unos a favor y otros en contra, de la reciente alianza: Visión ecologista – Movimiento social ? pro-liberación de la mujer.?
Los detractores de este sincretismo de banderas alegan que de acuerdo a otros precedentes, al feminismo no le conviene ? hacer alianzas que “contaminen” su espíritu.
Para algunos? el feminismo nace de la rebeldía, es decir de la respuesta obvia al poder dominante de lo masculino durante tanto tiempo? e instaurado arbitrariamente. Otras posturas, en cambio, reconocen poderes “blandos” en el alma femenina, poderes pasivos similares a los secretos fecundos de la madre tierra.
Por otro lado no es de extrañar que estos movimientos empalicen dada su postura crítica ante el “Status Quo”, su llamada a la razón y su defensa de las regiones oprimidas del sistema.
Los miedos que circundan al concepto ecofeminista provienen principalmente del miedo a la “aparente” indefensión de las formas pacíficas de protesta que propone tradicionalmente el ecologismo así como toda reacción que lleve el prefijo “eco” por delante.
Básicamente la coincidencia tiene una raíz político- social. El ecofemenismo tiene, para algunos, poca historia crítica y una vida política incipiente, desprovista de protagonistas prácticos. Sin embargo, es indiscutible que su misión planetaria, responde a una demanda universal: Una responsabilidad que nos involucra a todos.
? Si el feminismo pierde vigor o no con esta alianza es una cuestión discutible, pero también debe estudiarse el problema de la discriminación de sexos dentro de otros problemas más generales que están incidiendo en una “inconciencia” colectiva de todo el contexto.
Cabe reflexionar respecto estas asociaciones como hechos naturales jamás manipulados por el poder, aunque sí influenciados por éste.
Para los escépticos del ecofemenismo, la aparición de éste así como su “puesta de moda” en los medios de comunicación masiva, son claras muestras de que se trata de otra de las formas inofensivas que el sistema permite.
Las interpretaciones optimistas comprenden al ecofeminismo como una evolución del feminismo “crudo” y revanchista, que buscó, en sus formas más primitivas, devolver? los golpes con más golpes. La reivindicación de la mujer y del medioambiente es una cuestión de conciencia no de guerra.
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