¿Te duelen los pies luego de un largo día de trabajo? ¿Muchas horas parada con esos zapatos que te oprimen? Regálate unos minutos al final de la jornada y, mientras tomas un baño relajante, prueba este masaje que te vendrá de maravilla.
Lo primero es sumergir los pies en agua tibia mezclada con dos cucharadas de sal. Una vez fría, sécalos bien y ayudada de una piedra pómez o de una lima remueve las células muertas y las hostigantes durezas que, a veces, hay en la zona plantal.
Si te preguntas ¿por qué utilizar la sal con el agua tibia?, la razón se debe a que ayuda a eliminar toxinas aumentando, por ósmosis, la transpiración. Favorece también el drenaje linfático, acelera el proceso de renovación celular, suaviza la piel, ayuda a quitar las manchas, y le otorga una complexión más dura y lisa. Se debe enjuagar bien y poner una crema humectante al final.
Al concluir, masajea con ambas manos un pie primero y el otro después. Hazlo de forma circular auxiliándote de una loción suavizante. Utiliza las yemas de los dedos en la base y asciende gradualmente cubriendo toda la extremidad con la mano hasta el inicio de la pierna.
Por último, puntea en el aire y rota dedos y tobillos hacia ambos lados. Puedes ayudarte de las manos.
Nuestros pies, casi siempre, pequeños en comparación con otras partes del cuerpo, cargan todo nuestro peso durante la jornada por eso se merecen un espacio sólo para ellos.






