Obesidad


Entendemos por obesidad un peso corporal que sobrepasa en un 20% al que corresponde según el índice de masa corporal. (IMC)

GRADO DE OBESIDAD IMC
Sobrepeso 25-29,9
Obesidad grado I 30-34,9
Obesidad grado II 35-39,9
Obesidad grado III + de 40

IMC: Índice de masa corporal

IMC = peso (kg)/altura2 (m2)

Esto ocasiona una importante sobrecarga para el conjunto del organismo contribuyendo a la eclosión de una variedad de enfermedades asociadas que involucran desde el sistema circulatorio hasta el deterioro de la piel. Por eso es común, en las personas obesas, la presencia de insuficiencias cardiacas, riesgos altos a la hipertensión arterial, quedando más expuestos a la flebitis y trombosis que las demás personas.

Los desequilibrios hormonales se derivan de otra carga a la que se exponen las personas de elevado peso: Se trata de las insuficiencias glandulares propias de esta enfermedad. Cuando el páncreas no produce insulina en niveles normales, es la sustancia que degrada el azúcar, se desarrolla la diabetes por exceso de glucosa en sangre.

El bocio también tiene una raíz en un desequilibrio hormonal, en este caso la glándula dañada es la tiroides, encargada de la producción de tiroxina. Esto indica que la obesidad viene acompañada de otras complicaciones como las que acabamos de señalar. Algunas de estas anomalías, como las glandulares, pueden ser incluso responsables de la acumulación de grasas y de la propia gordura corporal del sujeto afectado. Entre los desórdenes del metabolismo son comunes los trastornos hídricos. Otros pueden ser consecuencia directa de la suba de peso. Es el caso de las patologías que deforman o dañan la estructura ósea traumatizando el sistema esquelético.

Las lesiones de tipo estructural se sufren en las articulaciones y en la zona lumbar; tobillos, meniscos, rodillas en general, sin olvidar el esfuerzo al que se somete la columna vertebral al aumentar la masa y que provoca lumbagos y dolores ciáticos.

El tejido epitelial es otro damnificado que sufre colateralmente inflamaciones en los pliegues cutáneos y los excesos de la sudoración. Cuando se adelgaza abruptamente y no se cuida, con cremas ricas en nutrientes y una dieta adecuada, la elasticidad de la piel, suelen quedar estrías y tejido sobrante. La producción de elastina y colágeno es crucial para la salud de nuestra envestidura natural.

Entre los trastornos digestivos más comunes asociados a este problema mencionaremos especialmente la constipación. Sequedad de vientre que acarrea otros inconvenientes como las hemorroides y daños en el tracto digestivo.

La suma de estas posibles afecciones demuestra que la obesidad reduce las expectativas de vida en unos 10 años. Si bien no existe la obesidad congénita, las costumbres alimenticias y los volúmenes de alimentos que se acostumbran a consumir en el hogar pueden contribuir a producir el trastorno. Por otro lado, las personas mayores de 50 años, son más propensas a retener lípidos y a desarrollar la afección.

Se indica, como tratamiento una dieta balanceada, ir incrementando paulatinamente hábitos alimenticios sanos y deportes al aire libre, aunque el mayor desafío pasa por la paciencia y la conciente autodisciplina.

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Cuando se habla de delgadez como enfermedad debe descartarse la delgadez constitucional o natural. De hecho se acepta que alguien es delgado por comparación con el resto de la familia y esto, puede ser una característica genética o de sobriedad en los hábitos alimenticios o también una cuestión de criterios.

Pero efectivamente existe una enfermedad que se conoce como desnutrición de causa interna y cuyos síntomas se limitan al bajo peso, es decir, la no existencia de reservas adiposas.

La falta de sintomatología es alarmante ya que no se presentan problemas de apetito y el enfermo no disminuye su capacidad de trabajo.

Hay dos causas que subyacen a la “delgadez patológica”:

1) Como resultado de otros padecimientos: Cuadros infecciosos como la tuberculosis y el tifus; trastornos en los intestinos, como la diarrea crónica. Son causales también las disfunciones o hiperfunciones de las glándulas endocrinas.

Otro causante es el cáncer.
2) Como resultado de trastornos de tipo psicológico: En ocasiones la falta de apetito tiene raíz en los procesos psíquicos internos del paciente.

Es común padecer una anorexia leve cercana a la adolescencia que llegó a conocerse bajo el nombre de delgadez pospuberal.

Por el contrario, la anorexia nerviosa es una enfermedad crónica y peligrosa en que la persona afectada se obstruye mentalmente a la realidad de su problema y se niega a comer. La anorexia es la que genera un complejo psicológico de repudio hacia la posibilidad de engordar y suele asociarse con la bulimia, voracidad compulsiva, inversa a la anorexia. Más común en las mujeres que en los hombres, este complejo de lo estético, la línea, la moda, se vuelve paradójico puesto que el adelgazamiento llega a ser tan extremo que los enfermos parecen verdaderos cadáveres ambulantes.

¿Cómo tratarla?
Es importante administrar los nutrientes necesarios, es decir pensar inmediatamente en una dieta reconstructiva del equilibrio nutricional. Si existe un motivo emocional, en el trasfondo del problema, se aconseja visitar al psicoterapeuta para un seguimiento clínico conciente y metódico.

No es tan falso eso de “los ambientes cargados” por lo que muchas veces se sugiere un “cambio de aires” o unas vacaciones renovadoras.

En el aspecto estrictamente biológico la demanda consistente en vitaminas, proteínas, carbohidratos, grasas, glucosas, aminoácidos, etc. deben satisfacerse, no tan sólo para cubrir el gasto calorífico sino también para reponer las carencias de reservas. Por eso se indican carbohidratos de elevado valor biológico, frutas, cocidas, carnes de ave y pescado. Se acumulan grasas consumiendo manteca, aceite de oliva y leche en raciones correctas.

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Las enfermedades viejas van quedando relegadas al pasado pero reaparecen bajo diversos vestidos adaptadas al panorama actual, como si ellas evolucionaran también, de la misma forma que las especies, sorteando obstáculos y propagándose en el renovado ámbito urbano.

En este género de enfermedades se encuentran los trastornos alérgicos. Se han realizado estudios que conducen a una realidad alarmante: el 40% de la población presenta hipersensibilidad a alguna sustancia de algún tipo.

Las alergias son consecuencia de trastornos del sistema de defensas del cuerpo, es decir una alteración en el aparato inmunológico que lo hace susceptible a reaccionar innecesariamente. En este sentido, el alergeno no sólo puede ser el polen, el polvillo u otras partículas naturales, hoy puede tratarse también de una de las 20 000 sustancias industriales que se ha comprobado guardan relaciones directas con la enfermedad.

Lo cierto es que no se puede minimizar el problema. Si se quieren evitar consecuencias lamentables conviene poner atajo precozmente a la enfermedad dado que avanza con rapidez y, en pocos años, algo que empezó como una molestia en la nariz puede degenerar en graves enfermedades respiratorias como el asma bronquial.

Entre los agentes más comunes están las proteínas de origen vegetal y animal, que ingresan en el organismo humano valiéndose de vehículos como la respiración y la ingesta de alimentos o bebidas. Los químicos producen alergias de contacto mientras que otras son debidas a picaduras de insectos. Entre los alimentos de hoy deben recordarse los conservantes, colorantes, emulsionantes, aditivos, etc.

La reacción exagerada del sistema inmunológico ante la presencia de alergenos (antígenos) libera mediadores tales como la histamina y la serotonina, la presencia de éstos propicia la manifestación inflamatoria.

No puede despreciarse, sin embargo, el factor hereditario dado que un gran espectro de las alergias se transmiten de padres alérgicos a hijos. Mientras que en una población media el riesgo oscila entre un 5 y un 15%, cuando hay antecedentes directos, el riesgo mínimo de desarrollar el trastorno es bastante más alto (del 60%)

Al parecer el desarrollo de nuestras tecnologías e investigaciones científicas deberá aplicarse con energías a cooperar con la medicina, la ecología y otras disciplinas afines para combatir los desbordes y desequilibrios que ellas mismas, como ciencias al servicio de la explotación de recursos, generan en el propio mundo de los hombres.

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