
Sucedió en Santiago de Chile. Una mujer de mediana edad se aplicaba un tratamiento de belleza, en su alcoba, cuando escuchó ruidos dentro del apartamento. Sospechando que se trataba de un intruso se escondió en el ropero. Llevaba los tubos o ruleros dorados puestos en la cabeza y, a efectos de disfrutar los beneficios de un tratamiento facial, se había aplicado una máscara de palta (aguacate), que le cubría el rostro por completo. Sólo los ojos asomaban del verde fluorescente de la fruta.
Aterrada escuchó, desde dentro del mueble, como el ladrón registraba el sitio abriendo cajones y revisando recipientes en busca de objetos valiosos. En determinado momento el individuo entró en el dormitorio y la propietaria paralizada “estaba al borde de una ataque de nervios”.
Cuando el infractor abrió el closet en busca de incrementar su botín tuvo una visión dantesca. Lo que pasó debió tomarlo totalmente por sorpresa. Tras la puerta y lanzando un alarido espeluznante apareció “un ser con forma humana, de rostro verde y aceitoso con cabellos metalizados sirviéndole de corona. Sucumbiendo ante el intenso impacto de la “aparición” el delincuente murió a consecuencia de un paro cardiaco.

No existe probablemente una planta tan circundada de leyenda e innumerables aplicaciones terapéuticas, naturales y sobrenaturales. Debido a la forma de sus raíces parecidas al cuerpo humano, al uso como ingredientes de pócimas brujeriles y a que crecía bajo los patíbulos, la mandrágora, ha sido todo un símbolo en la Europa del Medioevo y hasta nuestros tiempos.
Los propios recolectores diseminaban leyendas aterradoras acerca de la resistencia que la planta hacía para no ser arrancada. De esta forma los recolectores la vendían a precios exorbitantes que llegaron a ser, por una sola raíz, equivalentes a un año de trabajo para un artesano de la época (1690)
Se arrancaba en tiempo del solsticio de verano, antes del alba y en último cuarto de luna. Se decía que no era fácil agarrarla. Para mantenerla tranquila debía regársela con orina o sangre. Los que se atrevían a buscarla bajo los patíbulos tapaban sus oídos para evitar la locura que seguía a escuchar los gritos mortales de la mandrágora.
Se usaba en los temas amorosos, para favorecer los trámites judiciales o revelar tesoros ocultos. También la recetaban para curar la artritis, inflamaciones y úlceras, para inducir la menstruación y como antídoto de picaduras de serpientes.
La mandragorina, hiosciamina y otros alcaloides alucinógenos contenidos en la hierba, le proporcionaron un gran prestigio como ingrediente fundamental en los ungüentos que las brujas europeas se frotaban para poder volar.

El chocolate parece ser el iluminador de deseos por naturaleza. Con los primeros fríos nos dan ganas de comer chocolate pero con una intensidad del deseo mucho más fuerte que la provocada por cualquier otro alimento.
Es que la dulzura del chocolate y la presencia de algunas sustancias en el, hacen bien, nos ayudan a sentirnos mejor y más alegres. No en vano el chocolate es considerado el alimento más tentador y llegó a estar prohibido por la Iglesa en la época de la conquista de América. Pasaba que que las monjas ocupaban demasiado tiempo a la elaboración de productos hechos con la semilla de cacao, costumbres y recetas que conocieron en América. Pero igual, de nada sirvió la prohibición, el chocolate pobló el mundo entero y es ingrediente de dulces, salados, lo tenemos en nuestras alacenas, etc. Nadie se imagina un salón de postres con ausencia de chocolate.
Al chocolate se le atribuyen verdaderas capacidades antidepresivas que, al parecer, se deben a que contiene muy pequeñas cantidades de THC, tetrahidrocannabinol, principio activo de la marihuana. Supuestamente en estas proporciones (estaría presente en cantidades 10 000 veces menores) el THC es beneficioso para el Sistema Nervioso Central, ayudando a sentirse mejor y más contento y con más energía.
Pero también están de moda los masajes chocolatosos. Si, masajes de chocolate semifundido mezclados con aceites esenciales que nutren la piel y la dejan más elástica e hidratada. Parece que junto con el vino, el chocolate está en el mundo para que nos sintamos mejor, para sonreir más y vernos más jóvenes.