
El chocolate parece ser el iluminador de deseos por naturaleza. Con los primeros fríos nos dan ganas de comer chocolate pero con una intensidad del deseo mucho más fuerte que la provocada por cualquier otro alimento.
Es que la dulzura del chocolate y la presencia de algunas sustancias en el, hacen bien, nos ayudan a sentirnos mejor y más alegres. No en vano el chocolate es considerado el alimento más tentador y llegó a estar prohibido por la Iglesa en la época de la conquista de América. Pasaba que que las monjas ocupaban demasiado tiempo a la elaboración de productos hechos con la semilla de cacao, costumbres y recetas que conocieron en América. Pero igual, de nada sirvió la prohibición, el chocolate pobló el mundo entero y es ingrediente de dulces, salados, lo tenemos en nuestras alacenas, etc. Nadie se imagina un salón de postres con ausencia de chocolate.
Al chocolate se le atribuyen verdaderas capacidades antidepresivas que, al parecer, se deben a que contiene muy pequeñas cantidades de THC, tetrahidrocannabinol, principio activo de la marihuana. Supuestamente en estas proporciones (estaría presente en cantidades 10 000 veces menores) el THC es beneficioso para el Sistema Nervioso Central, ayudando a sentirse mejor y más contento y con más energía.
Pero también están de moda los masajes chocolatosos. Si, masajes de chocolate semifundido mezclados con aceites esenciales que nutren la piel y la dejan más elástica e hidratada. Parece que junto con el vino, el chocolate está en el mundo para que nos sintamos mejor, para sonreir más y vernos más jóvenes.

