Aunque tuvo que correr mucha agua antes de que nuestra cultura reconociera la existencia del orgasmo femenino, ese punto cumbre de la experiencia sexual de la mujer es hoy indispensable en la pareja. El clímax femenino no manifiesta una evidencia tan notoria como ocurre en los varones, sin embargo, la ausencia de tal evento, la anorgasmia propiamente dicha, se considera una patología, ya sea del orden fisiológico o como resultado de un trastorno psicológico.
Es sorprendente el letargo que ha tenido la emancipación sexual de la mujer. La ignorancia respecto a sus propios atributos, desconocimiento característico de las sociedades de dominancia cultural machista, ha producido generaciones enteras de mujeres que no sólo desconocen la capacidad orgásmica del género sino que además nunca llegaron a sentir un orgasmo.
La falta de orgasmos en la mujer no la priva del deseo, de la excitación ni de realizar el coito, pero todo el proceso raras veces o casi nunca se corona con el clímax, cuestión que provoca frustraciones e insatisfacción en la pareja.
Las causas más comunes de esta afección que priva del orgasmo al sexo débil están relacionadas con problemas sentimentales, exceso de trabajo y, en un número menor, el problema puede deberse a trastornos físicos. En este grupo se encuentran las úlceras, tumores, disfunciones del sistema endocrino, trastornos al SNC, etc.
Las soluciones vienen de la mano de un diálogo sin ambages, una exposición clara y amistosa de la situación. No hay razón para callar estos temas que son cruciales para la confianza de los cónyuges y la estabilidad de la pareja.
El orgasmo femenino consta de cuatro fases diferenciadas:
- Estimulación
- Meseta
- Orgasmo
- Normalización
Durante la fase inicial se humedece la vagina, lubricándose, mientras la irrigación sanguínea se intensifica dando, a la región, una sensibilidad creciente. Al mismo tiempo el flujo de sangre hincha los labios vaginales y permite el agrandamiento del clítoris. Por su parte el pulso y la respiración aceleran su ritmo. Se observa sensibilidad en los pezones, se tensa la superficie de los senos mientras, en la oscuridad de la cavidad pélvica, el útero asciende en ávida espera.
En la fase Meseta la vagina se estrecha adelante y se dilata atrás. Los labios y el clítoris siguen creciendo y el útero llega a su punto máximo en la pelvis.
El clímax corresponde a la tercera fase. Siguen contracciones periódicas y secuenciales que escapan a toda voluntad. Estas convulsivas tensiones y distensiones musculares se repiten y proporcionan una sensación placentera. Un placer de relax prosigue a este proceso. Los orgasmos pueden repetirse.
La última etapa tiene que ver con el regreso a la normalidad. En un período que varía entre 20 y 40 minutos se recupera los valores naturales mientras que una agradable sensación se apodera del cuerpo y la mente.









