La llegada de un hijo? es uno de los momentos más intensos y movilizantes en la vida de una mujer. Por un lado comienza una nueva etapa? que puede ser gratificante, y por otro lado se origina un período complejo lleno de cambios y nuevas experiencias, que trae una gran carga de estrés y dificultades para la mujer.
Durante el embarazo, la mujer siente una plenitud muy fuerte, por el hecho de llevar al hijo dentro de ella. Pero ese sentimiento se quiebra con el nacimiento, porque llega una nueva etapa de modificaciones hormonales, nuevos ritmos de sueño-vigilia y rupturas del equilibrio de la dinámica familiar, que alteran su rutina personal, laboral y social.
Además la mujer puede sentirse abrumada por los cuidados que debe darle al hijo y también puede experimentar un sentimiento de culpa por no poder calmarlo. A esto hay que sumarle el cansancio, la baja en la libido sexual y una pérdida de la independencia.
De esta manera, todos los cambios que trae la nueva etapa pueden ocasionar en la madre una depresión posparto, que trae aparejada sentimientos de tristeza, ansiedad, irritabilidad, temor, apatía general, culpa o confusión. La depresión posparto no es una etapa más dentro del proceso de embarazo, parto y puerperio, tampoco es que les ocurre a todas las mujeres; puede ser que haya madres que nunca la experimentaron.
Cuando aparece la depresión posparto, este estado de ánimo suele tener un carácter transitorio y se va con el tiempo, a medida que la mujer se acomoda a la nueva vida. Hay algunos casos en los que estos sentimientos de tristeza y desesperanza no desaparecen e incluso empeoran. Si se prolongan en el tiempo es conveniente consultar con un terapeuta







Para que una relación sea pareja o dispareja importa mucho el grado de madurez de ambos, no sólo en cuanto a patrones universales sobre si a uno le gusta Coelho y al otro Humberto Eco, sino en cuanto a comunicación, tolerancia, sinceridad, e intereses motivacionales.
