A veces resulta tan simple sentirse mejor, resulta tan fácil vernos mejor y sin embargo parece tan lejano, tan imposible todo. Cuando una persona con algún grado de estrés, de neurosis se acerca a un psicólogo parece que acudiera a él con un nudo en la garganta, con los brazos esposados y ojeras en los ojos… Porque esta es la vívida imagen de si mismos de aquellas personas que sufren la impotencia de sus propios actos ante las dificultades que la vida le presenta.
El psicólogo, además de tranquilizar al paciente, lo que hace muy frecuentemente es escuchar y luego dar algunos pocos y simples consejos. Estos consejos no son otra cosa que un retorno a la sencillez del estilo de vida de décadas atrás.
Parece ser que el cambio de valores que trae acarreada la vida moderna nos trae muchos otros problemas como el estrés, la ansiedad, la depresión, etc. Tenemos mucho más que antes, sabemos más cosas, sabemos si va a llover el fin de semana o no, si nuestro bebé es varón o nena antes de nacer, etc y sin embargo parece que de nada sirve prever tantas cosas porque parece, la sociedad actual, estar más ansiosa, más apurada, más preocupada que la de antes.
Por eso el psicólogo muchas veces recomienda para la salud mental un retorno a los valores familiares de cuando éramos niños, respetar la mesa, hacer una sola comida para todos, ahorrar, respetar los horarios de almorzar todos juntos, respetar las 8 horas de descanso, etc.
Una opción sencilla de probar, al fin y al cabo, todo se puede y nada se pierde…











