Otro de los tipos de body art más aceptados en nuestra sociedad es el piercing.
Un piercing es una abertura que se hace en una zona determinada del cuerpo humano para colocar un pendiente. En muchas culturas, este pendiente es un símbolo religioso o cultural. En nuestra sociedad occidental, es común hacerle un agujerito en cada oreja a las niñas cuando son pequeñas, aunque las costumbres están cambiando, y cada vez son más los chicos que se ponen pendientes, y no sólo en las orejas.
Los lugares más comunes para ponerse piercings son, además de la oreja, la ceja, la nariz, el labio, la lengua y el ombligo, aunque también se practican en otras zonas corporales. Al igual que hemos dicho con respecto a los tatuajes, hay que ser muy precavido a la hora de ponerse un piercing:
1. El material debe estar esterilizado. Excepto que el agujero vaya a hacerse en el lóbulo de la oreja, la perforación debe ser hecha con aguja y no con pistola.
2. En principio, el pendiente o joya que se pone debe ser de titanio o de acero inoxidable, nunca de cobre, plata, oro o plástico, pues esto puede provocar infecciones. El titanio es el que mejor se adapta al cuerpo humano, tiene una cura más rápida y además ofrece variedad de colores.
3. Antes de proceder a la perforación, la piel debe estar limpia y seca. En la mayor parte de los sitios, se anestesia la zona (con geles, hielo, líquidos…).
4. Recuerda que debes ponerte en manos de un profesional, y que éste debe hacer la perforación con guantes quirúrgicos y material desechable.
5. Para limpiar la zona se debe utilizar sólo agua y jabón neutro, nunca otro tipo de geles o cremas que no sean recomendadas por el profesional que nos hizo el piercing.
Tal y como ocurre con los tatuajes, los piercings pueden producir infecciones, y también se debe tener cuidado con las alergias a los materiales que componen el pendiente. En el peor de los casos, el proceso puede contagiar enfermedades como la hepatitis o el sida, aunque si se cumplen las normas de higiene y esterilidad que hemos recomendado, ¡no hay de qué preocuparse!

