Los vicios más frecuentes que nos llevan al fracaso a la hora de adelgazar y sentirnos mejor pasan por:
No entender que la obesidad es una enfermedad. Entendiendo este punto el obeso ya no se siente tan culpable de lo que le está haciendo a su propio cuerpo. Debe asimilarlo él y todo el entorno familiar, no es gracioso discriminar o reirse de un enfermo. Los obesos son enfermos.
Hay un margen de peso saludable, no por tener unos pocos kilos de más estamos ya en el entorno de una obesidad. Por eso, antes que nada, hay que consultar con un especialista quien nos dirá cuánto realmente estamos alejados de nuestro peso óptimo.
Lo mejor para curar una enfermedad es en primer lugar aceptarla y en segundo lugar ir a un especialista, porque cuando uno está enfermo necesita ayuda externa. Además, la obesidad como la drogadicción, el tabaquismo y el alcoholismo es una enfermedad relacionada con la ansiedad y es muy difícil de curar sin ayuda de expertos, de la familia, de los pares y por supuesto, de uno mismo.
Nunca es tarde para decidirse y tampoco es necesario esperar que pase algo. El momento es ahora.
La meta. No ponerse una meta demasiado alejada de la situación actual pues la persona se cansa de no llegar nunca, se deprime y vuelve al punto de partida.
Todos los cambios deben ser paso a paso, sin engaños, sin mentiras porque es la única manera. Empezar por caminar y cada día agregar un poco más de ejercicio. De nada sirve quedar de cama de tanta aeróbica y luego no poder hacer ejercicios por una semana.
Tener conciencia permanente que no es un período de dieta y ya está. Es un cambio paulatino de hábitos que va a durar toda la vida porque la obesidad es una enfermedad que no se cura, se trata y si se vuelve a los hábitos anteriores se volverá a padecer sus consecuencias.







