Las estadísticas hablan por sí solas: mujeres de todas las edades y adolescentes son la franja de población que mayor tendencia muestran hacia el tabaco. A principio de los 60, las mujeres representaban sólo el 5% de los fumadores. En la actualidad, se acercan al 30, aunque la cifra más preocupante abarca la adolescencia.
También, lo que las estadísticas señalan es que hay más mujeres que fuman con respecto a otros años y que fuman más que los hombres. Se estima que en el mundo hay unas 250 millones de fumadoras, y según datos de la Organización Mundial de la Salud, la Argentina es uno de los países donde se concentra la mayor cantidad.
Las consecuencias del tabaco para la salud son de dos tipos, las debidas por el consumo directo y las que se adquieren por la exposición involuntaria al humo de tabaco ambiental (tabaquismo pasivo). De esta manera, el tabaco es el responsable del cáncer de pulmón, vejiga, garganta, enfisema pulmonar, infarto, arterioesclerosis, colesterol elevado, hipertensión, problemas circulatorios, entre otros.
Antes las mujeres casi no sufrían de cáncer pulmonar, pero desde 1950 con el aumento del tabaquismo femenino, la tasa de cáncer de pulmón aumentó sin pausa hasta igualarse al cáncer de mama en 1987, sobrepasándolo en los años siguientes. La tasa de muerte por cáncer de pulmón era de 2 por cada 100.000 mujeres en 1930, el 5 por 100.000 en 1950, el 11,1 en 1970, el 21 en 1980, el 31,4 en 1990, y actualmente supera el 35 por 100.000.
Frente a este panorama, las personas pueden tomar medidas preventivas controlando sus hábitos cotidianos. Lo ideal es realizar una dieta sana, rica en productos naturales, realizar actividad física y lo más importante que tendría que ser dejar de fumar o evitar el cigarrillo.






