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Y por fin llegamos al modo de conseguir moreno sin sol más extendido en nuestra sociedad: el solarium o los rayos UVA.

Este tipo de bronceado es mucho más intenso que el de los anteriores métodos (autobronceadores y cremas autobronceadoras) pero también conlleva ciertos riesgos. Analicemos, pues, sus pros y contras:

Los rayos UVA son los responsables de la pigmentación directa de la piel y del bronceado de retardo. Van penetrando poco a poco en las capas más profundas de la piel por lo que, aunque lento, el proceso consigue un moreno mucho más duradero que con los autobronceadores o incluso con los propios rayos solares.

En principio, se utilizaban cabinas horizontales donde la persona se introducía para broncear su cuerpo; hoy en día existen diversos tipos de métodos: cabinas verticales, por zonas (sólo para la cara o sólo para las piernas) o los llamados “morenos con aerógrafo”, cabinas donde se riega la superficie de la piel con un spray formado por extracto de remolacha y de caña de azúcar que consigue un moreno que suele durar una semana.

Los problemas del solarium son básicamente dos:

En primer lugar, que requiere mucho tiempo y bastante dinero. Especialmente al principio, hay que acudir muy a menudo para activar las fuentes de melanina que consiguen el bronceado y, aunque cada sesión no suele ser muy cara, en conjunto termina por no ser demasiado rentable. Cada sesión cuesta aproximadamente 4 €, y suelen ser tres por semana.

Lo segundo, y lo más importante, es que este tipo de tratamiento puede ser muy peligroso. Ya en diversos estudios se ha comprobado que los rayos UVA son perjudiciales para la piel y pueden dañarla causando manchas o envejecimiento; en el peor de los casos, cáncer. Por eso no hay que pasarse con las sesiones de solarium, hay que informarse muy bien del centro donde vamos a realizar el tratamiento y ponerse en manos de un buen profesional ya que no merece la pena arriesgar la vida por ponerse moreno.

Y, tal y como prometimos, seguimos hablando de cómo conseguir un bonito bronceado sin tomar ni un rayo de sol. Eso sí, si se puede tomar el sol y conseguir un moreno natural, mucho mejor, pero está claro que muchas veces no tenemos esa posibilidad.

En el anterior post hablamos sobre los autobronceadores y esta vez hablaremos de algo mucho más novedoso pero que normalmente se confunde con los autobronceadores: las cremas autobronceadoras.

1150099439_1.jpg Y, ¿en qué se diferencian los autobronceadores y las cremas autobronceadoras? Pues, basicamente, en el tipo de bronceado que se consigue con una cosa y la otra y en la dificultad para conseguirlo.

En primer lugar, con las cremas autobronceadoras podemos beneficiarnos de otras propiedades que tengan. De este modo, podemos “autobroncearnos” mientras nos echamos una crema hidratante, o antiestrías, o antiarrugas, o reafirmante… Encontramos, pues, cremas autobronceadoras de todo tipo, incluso de protección para el sol, mientras que los autobronceadores no sirven más que para oscurecer el tono de nuestra piel.

En segundo lugar, con las cremas autobronceadoras no hay que seguir todos los pasos de los que hablamos en el anterior post, simplemente extenderlas por todo el cuerpo como haríamos con una crema normal. De este modo se evita la problemática del moreno “a manchas” o “por partes”.

Por último, con las cremas autobronceadoras se consigue un moreno mucho más natural, porque es más progresivo que con los autobronceadores. Normalmente no consiguen oscurecer el tono tanto como estos, pero sí consiguen un color uniforme y nada artificial.

Ahora mismo nos encontramos con muchísimas cremas autobronceadoras de diversas marcas en el mercado. Debemos fijarnos en sus características, por ejemplo la tonalidad o el tipo de crema que son (para la cara, para el cuerpo, para algún fin específico…).
Si queréis comparar marcas podéis echarle un vistazo a ciao donde los usuarios opinan sobre la calidad de los productos, aunque personalmente recomiendo “Dove, piel dorada”.

En el próximo post hablaremos de un nuevo método para lucir moreno incluso en los meses de invierno.

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Probablemente, uno de los tratamientos de belleza que más han evolucionado en los últimos años. Cuando empezaron, olían mal, eran difíciles de aplicar y dejaban la piel amarilla. Hoy en día, si bien no consiguen exactamente la misma tonalidad que el moreno del sol, se le acercan cada vez más. Por supuesto, hablamos de los autobronceadores.

Son una de las mejores soluciones para no perder el bronceado durante el invierno o grandes períodos sin poder disfrutar del sol. Contienen una molécula (llamada DHA) que al entrar en contacto con la piel, hace que la epidermis tome un tono oxidado, que es lo que da el moreno. Lo bueno es que sólamente se tiñen las células de la parte más superficial de la piel, por lo que si el color no es de nuestro agrado, sólo tenemos que esperar unos días sin aplicar autobronceador para recuperar nuestra tonalidad normal.

Actualmente encontramos autobronceadores en crema, gel, spray, toallitas… y en diferentes tonalidades, para adquirir un moreno que no resulte demasiado antinatural. Desde luego, el color obtenido no sólo depende el autobronceador sino también de nuestra piel: las pieles secas se broncean más fácilmente mientras que a las grasas les cuesta más. Además, el color puede ir desde “amarillento” hasta “castaño” o “tostado” pasando por una amplia gama de anaranjados. Por eso es conveniente probar primero el autobronceador en una pequeña zona del cuerpo no muy visible, y en caso de que nos guste el tono, aplicarlo en todo el cuerpo.

Y, ¿cómo aplicar el autobronceador?

1. Exfolia tu piel: antes de utilizar el autobronceador, aplica un exfoliante por toda tu piel (especialmente en zonas como talones, rodillas o codos) para eliminar las células muertas.

2. Debes tener la piel seca: antes del tratamiento, tu piel debe estar completamente seca.

3. Utiliza guantes: con ellos evitarás que se te manchen las manos.

4. Aplica el producto de modo uniforme: debes preocuparte por no aplicar mucho autobronceador en unas zonas y muy poco en otras ya que entonces tu piel terminará “a manchas”. Ten cuidado con zonas como los talones o las rodillas donde se acumula mucho gel.

5. No te olvides de algunas zonas: recuerda que quieres dar la impresión de estar bronceada de forma natural, así que no tomes ninguna zona por “insignificante” y échate autobronceador en todas excepto antebrazos, palmas de las manos y los pies, contorno de los ojos y raíz del cabello.

6. Después de echarlo, lávate las manos: debes recordar lavar muy bien las manos y las uñas para evitar que se oscurezcan. Lo más conveniente es esperar entre 20 y 30 minutos para vestirse y aproximadamente 1 hora para ducharse.

En el próximo post hablaremos de otros modos de broncearse sin sol.