Al parecer, la arruga, sigue siendo la enemiga número uno de la estética de los cuerpos. Ante la demanda social de cutis suave, carnes tersas y frescas, surgen diversas alternativas para combatir la huella que los años van dejando sobre la “corteza humana”.
Una opción intermedia entre las cremas y la cirugía plástica es el Botox. Un tratamiento a base de inyecciones alrededor del rostro mediante las cuales se administra la toxina butolínica. Los resultados son casi inmediatos, el costo, intermedio, aunque la duración del “estiramiento” es menor que el de la cirugía. Nada debe, sin embargo, ser inyectado en el rostro sin primero recibir asesoramiento de un médico.
La opción más cara, unos 3500 dólares, es el Lifting, que acarrea, además, el trauma de la intervención quirúrgica. La recuperación es lenta, se requiere de un período postoperatorio de al menos quince días siempre que no aparezcan complicaciones. El estiramiento de piel produce una renovada apariencia evidente y de larga duración.
Seguro que la cosmética y la cirugía estética, así como las soluciones intermedias, irán evolucionando con el tiempo. Tal vez los pasos decisivos se den en los campos de la genética y el cultivo de células madres o el implante de glándulas secretoras de hormonas rejuvenecedoras.
Aun así, en los arrebatos de la moda, pueda ser que un día la que se imponga sea precisamente la arruga que ahora combatimos, ese día, cirujanos y químicos trabajarán para devolver las marcas del tiempo, para hacer estrías y pliegues, en un nuevo capricho del cortejo.








